Me alejo de mi tierra
Recuerdo perfectamente mi infancia en Venezuela, era tan hermosa y perfecta que jamás llegué a pensar que algún día tendría que dejar mi país. De hecho tal como me veo hoy quizás dentro de 1 año cuestione nuevamente mi vida.
¿Quieres que nos vayamos de Venezuela? Fue la pregunta de mi esposo en el año 2015, mi respuesta claramente fue NO, aún no, tengo fe de que esto va cambiar y resulta que ese año nada cambio y el próximo tampoco. Bueno, perdón, si cambio pero para algo peor.
Ninguna mejoría se veía en nuestras finanzas, tenemos una casa la cual a duras penas podíamos mantener, comíamos lo básico porque ni frutas que es esencial en la dieta de cualquier persona podíamos comprar, colas interminables para conseguir algunos productos era nuestro día a día y siempre mi mente me decía lo mismo: ¡Wuao! somos una pareja joven, ambos trabajamos y ningún esfuerzo es suficiente para ver un avance y surgir.
Estaba frustrada porque soy una persona de muchos proyectos y sencillamente ninguno podía realizarlos en mi país, mi hermoso país inocente de todo. Un día cualquiera le dije a mi esposo: "SÍ, quiero irme de Venezuela, vámonos a Guyana (país que ya había visitado) él no lo dudo dos veces y basamos a partir de ese momento objetivos lejos de nuestro tierra, no porque queríamos sino porque la situación nos obligaba.
El 28 de agosto del año 2016 llegamos a Guyana después de tres días de viaje, tengo que recalcar que esta travesía no fue en avión, fue en bote, ¡sí señores! un bote en el que vi mucho dolor, sufrimiento y sobre todo carencias de las cuales no fui ajenas de vivir. Lloré muchas veces durante el viaje porque literal nos pasó de todo, el motor del bote se dañó a dos horas después de salir del puerto "La chalana" ubicado en el San Félix- Edo. Bolívar/Venezuela, tuvimos que quedarnos a dormir en una choza y en mi caso dentro del bote hasta que amaneciera para que trajeran la pieza del motor.
Llegamos afortunadamente con bien a Guyana el 28 de agosto, aunque debo confesar que muchas veces pensé que íbamos a morir y en medio de mis tristezas solo una frase me cruzaba por la mente ¿Qué este gobierno ha hecho contigo mi Venezuela?. No era necesario que todos incluyendo muchos niños que iban en el viaje sufriésemos tanto cuando anteriormente se podía viajar en avión y en una hora estábamos en Guyana, normal como lo hacen las personas en cualquier país. ¿ A dónde llegaremos? ¿Irnos en balsa tal vez?
Siento un vacío enorme por dejar a mi familia, amigos y sobre todo mi país, tener que ser una inmigrante porque ya el socialismo no me permite soñar, crecer, COMER y vivir en mi propia tierra. A pesar de todo esto me siento con muchas ganas de surgir para ayudar a mi familia, creo que yo al igual que muchos venezolanos que tenemos la oportunidad de ver abundancia en los supermercados, deseamos con todo el corazón enviarle muchas cosas a nuestra gente y de mi parte de alguna forma así será.
Cuando sales de Venezuela te das cuenta de lo mal que estamos como país, de lo humillado que nos tienen y de lo bendecidos que éramos, a pesar de todos los gobiernos que pasaron, debo decir que este ha sido uno de los peores. No me lo contaron yo lo viví y lo sigo viendo.
Hoy mucha gente te juzga por salir, por tratar de crecer y criticar "de lejos" lo que pasa en Venezuela, expresando mucho odio que en parte es entendible. La situación ha transformado nuestros corazones y borrado nuestra esencia que a pesar de todo aún a duras penas sigue haciéndose notar: Citaré una frase del gran Mandela: "Aprendí que el coraje no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo"
Hermano venezolano tú y yo somos hijos de una sola madre, lejos o cerca el amor por ella es el mismo, aprendamos a luchar en conjunto a pesar de las distancias y recuerda ninguna tormenta dura para siempre.
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